La artritis
reumatoide y otras enfermedades articulares crónicas activan mecanismos de
agresión autoinmune que contribuyen al proceso inflamatorio crónico. Aunque los
antiinflamatorios no esteroides (AINEs) contribuyen a aliviar los síntomas,
tienen un efecto mínimo sobre la progresión de la lesión articular, que resulta
en deformidad e impotencia funcional. Otro grupo de fármacos antirreumáticos
denominados “modificadores de la enfermedad” (FAME) reducen la actividad de la
enfermedad y retrasan la progresión de la lesión articular. Como su comienzo de
acción es gradual, suelen iniciarse a la par de los AINEs una vez confirmado el
diagnóstico de la enfermedad reumática.