Los estrógenos son necesarios para el
desarrollo de las características sexuales secundarias de la mujer, y estimulan
la hipertrofia del miometrio y la hiperplasia endometrial. Ellos afectan la
densidad ósea por aumento de la deposición de calcio. Son segregados en tasas
variables durante el ciclo menstrual durante el periodo de actividad de los
ovarios. Durante el embarazo la placenta se transforma en la principal fuente
de estrógenos. La secreción ovárica declina en la menopausia. Los estrógenos se administran cíclicamente o
en forma continua para la anticoncepción y, en algunos casos, se usan para
alivio de los síntomas de la menopausia. En el caso en que se requieran por
largo tiempo para esta última indicación se debe adicionar un progestágeno para
prevenir la hiperplasia cíclica del endometrio y su posible transformación en
cáncer.
Terapia
de reemplazo hormonal (TRH).
Los beneficios comprobados del reemplazo
estrogénico en las mujeres posmenopáusicas abarcan la mejora de los síntomas
vasomotores, la atrofia urogenital (para la que también resultan efectivos los
estrógenos por vía tópica) y la prevención de fracturas osteoporóticas (aunque
para esta última indicación no se consideran fármacos de primera elección).¹¯² Sin embargo, la TRH se asocia a un aumento del riesgo oncológico (cáncer de
endometrio, cáncer de mama) y cardiovascular (trombosis venosa profunda [TVP],
accidente cerebrovascular [ACV]). Esta conjunción de beneficios con riesgos
significativos ha dado lugar a una intensa polémica sobre el uso de la TRH: en
la actualidad hay acuerdo en que se debe ponderar la relación beneficio/riesgo
para decidir la oportunidad, composición, dosis y duración de su empleo.¹¯²
Para facilitar el análisis de beneficios y
riesgos es útil comparar el efecto acumulado desde la menopausia (estimada a
los 50 años de edad) hasta los 69 años para mujeres sin TRH con aquellas que
han recibido 5 o 10 años de tratamiento hormonal, sea como TRH combinada o con
estrógenos solos:¹


Se observa que el uso de estrógenos solos
en mujeres posmenopáusicas aumenta el riesgo de carcinoma endometrial, efecto
que se neutraliza al utilizar la combinación con progestínicos, quedando el
tratamiento con sólo estrógenos reservado para la mujer histerectomizada.¹¯² Sin embargo, el agregado del progestínico aumenta el riesgo de cáncer de mama
por encima del que ya implicaba el estrógeno solo, siendo el efecto máximo con
los esquemas combinados continuos en comparación con el empleo secuencial del
progestínico entre 10 y 14 días al mes. Las complicaciones cardiovasculares
como TVP y ACV ya se incrementan con el uso de estrógenos solos, pero son
mayores aún con la TRH combinada. El riesgo de todos los efectos adversos
señalados aumenta con la mayor duración de la TRH. La TRH no previene la
enfermedad coronaria3 ni tampoco protege la declinación de las
funciones cognitivas y no debe ser prescripta para estas indicaciones.¹
Teniendo en cuenta estos factores, la TRH
se indica en primer lugar para mujeres con menopausia precoz (antes de los 45
años) y hasta la edad esperada de la menopausia (alrededor de los 50 años), por
su capacidad para prevenir la pérdida acelerada de masa ósea. Para los síntomas
vasomotores de la menopausia natural, se recomienda reservar el uso de TRH para
los casos en que afectan la calidad de vida y no pueden controlarse por otros
medios, empleando la dosis más baja que sea efectiva y limitando la duración
del tratamiento con frecuentes revisiones de su necesidad. En este contexto,
los beneficios de la TRH a corto plazo superan los riesgos en la mayoría de las
mujeres, especialmente en las menores de 60 años.¹
Cuando existen otros factores de riesgo
para las complicaciones oncológicas o cardiovasculares de la TRH la relación
beneficio/riesgo desfavorable puede desaconsejar su uso. El consenso de SOGIBA4
considera contraindicaciones absolutas: sangrado vaginal sin explicación,
disfunción o enfermedad hepática, historia de trombosis venosa profunda o
embolia pulmonar, trastorno de coagulación conocido o trombofilia (la
presentación transdérmica puede ser una opción en algunas mujeres con riesgo
elevado de trombosis venosa), hipertensión arterial no tratada, historia de
cáncer de mama, endometrio u otra neoplasia estrógeno dependiente, historia de
enfermedad coronaria o cerebrovascular, hipersensibilidad conocida a la terapia
hormonal. Y agrega como contraindicaciones relativas: triglicéridos superiores
a 400 mg/dL, enfermedad de la vesícula biliar (el estrógeno transdérmico puede
ser una opción), riesgo elevado de cáncer de mama (mayor a 5% a 5 años, por
evaluación del índice NCI [Instituto Nacional del Cáncer] o IBIS [Estudio
Internacional de Intervención en el Cáncer de Mama]).
Para la vaginitis hipoestrogénica son
útiles los preparados estrogénicos de uso local, que en las dosis bajas
utilizadas no aumentan el riesgo de cáncer de mama.¹
Para la TRH se utilizan estrógenos
conjugados equinos o estradiol (por vía oral o transcutánea). La comparación
entre ambas vías de aplicación muestra un menor riesgo de trombosis venosa
profunda para el uso transdérmico.
⁵ La dosis de estrógeno a utilizar
será la más adecuada, a menudo la más baja, que sea eficaz para alcanzar los
objetivos del tratamiento.⁶
Como progestágeno se utilizan acetato de
medroxiprogesterona (de 1,5 a 5 mg/d), noretisterona (0,5-1 mg/d) o
levonorgestrel (7 mcg/d por vía transdérmica).¹
En resumen, los esquemas de TRH son:
-Pacientes histerectomizadas: estrógenos
en esquema continuo.
-Pacientes con útero: estrógenos cíclicos
(3 semanas + 1 de descanso o 25 días +5 de descanso) asociados a progestágenos
(los últimos 10 a 14 días de cada ciclo); o la administración continua de
estrógenos + progestágenos.
Cuando se suspende la TRH en ausencia de
contraindicaciones, se recomienda hacerlo gradualmente para minimizar la
recurrencia de los síntomas menopáusicos.¹ Por el contrario, la TRH
debe suspenderse de inmediato en los siguientes casos, hasta establecer la
conveniencia de su eventual continuación:¹
●
Dolor torácico intenso (aunque no
irradie al brazo izquierdo)
●
Disnea brusca o tos con esputo
sanguinolento
●
Edema inexplicado o dolor intenso
de pantorrilla o muslo
●
Dolor epigástrico severo
●
Síntomas neurológicos graves, como
cefalea inusual, trastornos de la visión, la audición u otros trastornos de la
percepción, trastornos del lenguaje o motores, entumecimiento que afecta
repentinamente a un lado o a una parte del cuerpo, pérdida del conocimiento o
convulsión
●
Hepatitis, ictericia, agrandamiento
del hígado
●
Tensión arterial sistólica >
160 mmHg o diastólica >95 mmHg
●
Inmovilidad prolongada por
cirugías o trauma en miembros inferiores
●
Detección de alguno de los
factores de riesgo que contraindican la TRH.
BIBLIOGRAFÍA
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84 Ed. Londres; BMJ Group&PharmaceuticalPress: 2022.
2. Levin ER, Vitek WS, Hammes SR.
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Knollmann BC (Eds). Goodman &Gilman’s Las bases farmacológicas de la
terapéutica, 14ª ed. New York; McGraw-Hill: 2023.
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http://www.sogiba.org.ar/images/Consenso_THM_2018.pdf.
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