INTRODUCCIÓN
Todos
los antihistamínicos H1 -clásicos y de segunda generación- presentan una
eficacia similar para aliviar los síntomas relacionados con la liberación de
histamina.
Inhiben
prurito, estornudos, secreción nasal y otras respuestas que caracterizan a la
alergia. Así los antihistamínicos alivian los síntomas de las reacciones
alérgicas, tales como urticaria, rinitis alérgica, y conjuntivitis alérgica, y
también controlan el prurito en trastornos dermatológicos, tales como eczema.
Los antihistamínicos se usan para tratar alergias a medicamentos, alergias a
alimentos, picaduras de insectos, y algunos de los síntomas de la anafilaxia y
angioedema.¹
En
la práctica, todos los antihistamínicos son igualmente eficaces en el alivio de
los síntomas de las reacciones alérgicas y difieren principalmente en la
intensidad de sus efectos sedantes y anticolinérgicos (o más correctamente
antimuscarínicos). La selección de un antihistamínico por lo tanto se debe
basar en el uso terapéutico previsto, las reacciones adversas probables, y su
costo.²
Los
antihistamínicos H1 clásicos son relativamente poco selectivos, por lo que su
acción produce tanto efectos terapéuticos como indeseables. Los nuevos
antihistamínicos de segunda generación, bloquean de manera preferente los
receptores H1 periféricos2 y atraviesan en menor grado la barrera
hematoencefálica; produciendo menos reacciones adversas y sedación.¹¯²¯³¯
⁴ Los efectos adversos más comunes de los antihistamínicos H1 clásicos son de
tipo anticolinérgico (sequedad de boca, retención urinaria), alfa adrenérgico
(hipotensión), serotoninérgico (aumento de peso) y dopaminérgico (sedación,
disquinesia y tinnitus). La sedación, es
uno de los efectos adversos más comunes de estos medicamentos. La incidencia de
sedación asociada a los antihistamínicos H1 clásicos, varía del 7 al 42%, según
los estudios; si bien la tasa más habitual oscila entre el 10 y el 25%2,3 dependiendo
del agente, dosis y sensibilidad individual. En la mayoría de los pacientes, la
sedación suele desaparecer tras la primera semana de tratamiento.
En
varios ensayos clínicos, los antihistamínicos H1 de segunda generación han sido
asociados con una incidencia de sedación similar a la del placebo;¹¯² hecho que parece relacionado con el carácter relativamente lipófobo de estos
agentes, que dificulta que atraviesen la barrera hematoencefálica.²¯³¯⁴
El
efecto adverso más importante de este grupo de fármacos de segunda generación
es a nivel cardiovascular, e incluso se ha llegado a decir que es un efecto
“clase” del grupo.3 Los estudios muestran que, fundamentalmente
terfenadina y astemizol prolongan el intervalo QT en animales ya que bloquean
los canales de potasio cardíacos produciendo un retraso en la repolarización
ventricular, hecho que motivo el retiro de los mismos del mercado de varios
países 5 (para más detalles ver Loratadina).
En los últimos años se han
promocionado una serie de antihistamínicos, principalmente metabolitos,
calificándolos como de “tercera generación” ⁶. Sin embargo diversas
revisiones han desestimado tal categoría señalando que ninguno de los nuevos
antihistamínicos posee grandes ventajas sobre los ya existentes.
⁶ ¯⁷¯⁸ Un antihistamínico de tercera generación debería tener menos efectos sobre el
sistema nervioso central, menor potencial de interacciones y estar libre de
cardiotoxicidad.⁶
Aunque
varios trabajos destacan la ventaja de utilizar los antihistamínicos H1 de
segunda generación frente a los clásicos, principalmente por no causar sedación¹¯²¯³ algunos autores consideran que los antihistamínicos H1 clásicos continúan
presentando marcadas ventajas en cuanto a precio y perfil de efectos adversos.
Para estos, parece razonable iniciar el tratamiento con uno o varios
antihistamínicos H1, clásicos, antes de probar uno de segunda generación. Es
importante señalar que el bloqueo de los receptores periféricos de la histamina
puede durar hasta 24 horas, incluso en pacientes que toman un agente clásico en
dosis única. Así en la práctica los antihistamínicos H1, clásicos pueden
utilizarse con un protocolo de dosificación única o doble diaria, a pesar de
que el prospecto recomiende su administración cuatro a seis veces al día.¹
Una
revisión sistemática reciente no encontró diferencias significativas en la
eficacia y seguridad entre los antihistamínicos de segunda generación en las
diferentes indicaciones.⁵¯⁹
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