Los
antimuscarínicos (antiguamente llamados anticolinérgicos), reducen la motilidad
gastrointestinal y pueden ser útiles en el síndrome de colon irritable y en la
enfermedad diverticular. Antagonizan competitivamente todos los agonistas
muscarínicos del tipo acetilcolina y derivados. Los receptores muscarínicos
están localizados en los órganos inervados por el parasimpático, en
terminaciones nerviosas y en ciertas células, como las células paracrinas
productoras de histamina en mucosa gástrica. De esta forma, sus efectos más
importantes se traducen en la reducción de la secreción salival, sudorípara y
gástrica, y la relajación del músculo liso gastrointestinal, disminuyendo su
tono y motilidad. Disminuyen el vaciamiento gástrico y favorecen el reflujo
gastroesofágico. Tienen efecto midriático y ciclopléjico. Disminuyen el tono
del músculo liso de la uretra y vejiga. Los antimuscarínicos utilizados para el
tratamiento del espasmo del músculo liso gastrointestinal incluyen aminas
terciarias (atropina) y cuaternarias (sales de homatropina y escopolamina). Los
compuestos amonio cuaternarios son menos liposolubles que la atropina por lo
cual atraviesan en menor grado la barrera hematoencéfalica y producen menos
efectos adversos centrales que ésta y por lo tanto son los utilizados en
trastornos gastrointestinales.