Para lograr un efecto antiandrogénico se
puede intervenir en distintos niveles: reduciendo la síntesis de testosterona
con el uso crónico de los análogos de gonadorelina (ver abajo); bloqueando el
receptor androgénico con los antagonistas flutamida o bicalutamida y, por
último, impidiendo la conversión de la testosterona a dihidrotestosterona con
los inhibidores de la enzima 5-alfa reductasa, como el finasteride. Este último
fármaco se desarrolla en el apartado sobre fármacos para la hiperplasia
prostática benigna (12.04.02.01).