La
anemia es el síndrome clínico derivado de la reducción de masa eritroide
inapropiadamente baja para el estado fisiológico de un individuo. Este estado
conlleva una reducción en la capacidad de transporte de oxígeno a los tejidos.
Constituye uno de los hallazgos clínicos y de laboratorio más frecuentes en la
práctica médica¹.
Operativamente se define como la “disminución de la concentración de
hemoglobina por debajo del segundo desvío estándar respecto de la media para
edad, sexo, hábitat y estado fisiológico”. En adultos estos valores se
corresponden a una concentración de hemoglobina menor a 12 gr/dl en mujeres, 13
gr/dl en hombres y 11gr/dl en embarazadas²
Existe
una amplia gama de enfermedades con un impacto clínico variable que se
manifiestan con anemia. La deficiencia de hierro o ferropenia es la causa más
frecuente en todo el mundo, con predominio en mujeres y niños menores de 5
años. Esta entidad representa una importante carga para la salud pública en
términos sanitarios, sociales y económicos. La OMS estima que el 40% de los
niños de 6 a 5 años, el 37% de las mujeres embarazadas y el 30% de las mujeres
en edad fértil en todo el mundo están anémicos³. En Argentina los
datos estadísticos disponibles reproducen prevalencias similares de anemia
según grupo etario: 34,3% en lactantes de 6-23 meses, 8,9% en niños de 2-5 años
y 26,3 % en adultos⁴. Esta prevalencia varía en las distintas
regiones, alcanzando valores mayores en las áreas con peores condiciones
socioeconómicas⁵.
La
anemia genera morbilidad e impacta en la calidad de vida, produciendo
trastornos funcionales como alteraciones de la capacidad de trabajo físico, de
la inmunidad celular, disminución de la velocidad de crecimiento, alteraciones
del desarrollo psicomotor y cognitivo, entre otras consecuencias⁶.
El
hierro es un componente esencial de la hemoglobina, de la mioglobina y diversas
enzimas dependientes de hierro. La
anemia ferropénica se hace evidente cuando los depósitos del hierro (sistema
reticuloendotelial y hepatocitos) disminuyen. La ferritina plasmática es un
indicador preciso del nivel de los depósitos y la saturación de la transferrina
lo es del hierro circulante².
La
ferropenia puede ser el resultado de una ingesta inadecuada de hierro,
malabsorción, pérdidas de sangre o aumento en los requerimientos. Estos últimos
se estiman en el hombre adulto y en la mujer postmenopáusica de aproximadamente
1mg/día, en la mujer menstruante 1-4mg/d, y en la mujer embarazada variable
aumentando en el segundo y tercer trimestre de la gestación hasta 7mg/d2,3
.
En
la mayoría de los casos, una alimentación adecuada en cantidad y variedad es la
mejor profilaxis de ferropenia, y constituye la alternativa más natural y
eficaz de realizar aportes de ese nutriente. No obstante, algunas situaciones
como el embarazo7,8, metrorragias, pacientes gastrectomizados o con
resección intestinal, niños con bajo peso al nacer o prematuros, pueden
necesitar profilaxis farmacológica con hierro para evitar el desarrollo de
anemia ferropénica. Otras etiologías comunes como las deficiencias
nutricionales, inflamación crónica, enfermedad renal, hemoglobinopatías,
destrucción inmune de células eritroides e infecciones parasitarias pueden
coexistir con ferropenia y generan impacto significativo de la calidad de vida⁹.
Saliendo
de la profilaxis y focalizando en el tratamiento, se puede decir que el
objetivo terapéutico cuando se indica el hierro en una anemia, es restaurar los
niveles normales de hemoglobina y de los depósitos de hierro. Su efecto en la
corrección de la anemia se basa en la incorporación de hierro a las globinas
que darán origen a la hemoglobina dentro del glóbulo rojo. La respuesta
reticulocitaria y la desaparición de la anemia se observan como respuesta
favorable al mismo, aunque persistiendo ferropenia, el tratamiento debe
continuarse al menos durante 3 meses, para restaurar los depósitos medulares y
hepáticos de este nutriente. Si así no se hiciera, frecuentemente se observa la
reinstauración de la anemia en el corto plazo. Además, el tratamiento de la
anemia ferropénica debe incluir el tratamiento de la causa que lleva a la
misma. Para reponer el hierro se dispone de formulaciones de uso para vía oral
(vía de preferencia) o parenteral (intramuscular y endovenosa) que se
detallarán a continuación.
BIBLIOGRAFÍA
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