Las intervenciones para la terminación del
embarazo se realizan dentro del marco legal que lo habilita en cada país,
estableciendo condiciones y plazos apropiados a las diferentes situaciones. La
disponibilidad de métodos exclusivamente farmacológicos ha facilitado el acceso
a esta práctica en el contexto de la atención primaria. Su empleo debe
acompañarse siempre con una adecuada información previa, seguimiento del
proceso por parte del profesional responsable y recurso a intervenciones
adicionales cuando sean necesarias.
El esquema recomendado por la Organización
Mundial de la Salud es la combinación de un modulador de receptores progestínicos,
como la mifepristona por vía oral, que produce reblandecimiento del cuello
uterino y aumenta la sensibilidad miometrial a las prostaglandinas (ver Mifepristona), con un análogo de
prostaglandinas como misoprostol, por vía oral o vaginal, que es un potente
estimulante uterino. Los fármacos pueden comercializarse como medicamentos
separados y también en un envase combinado con la dosis necesaria para un
esquema de terminación del embarazo.