La injuria tisular activa los nociceptores periféricos, fibras
aferentes primarias que perciben el dolor originado por una variedad de
estímulos, como presión, calor o pH ácido. Se liberan mediadores que
sensibilizan los nociceptores y potencian la sensación dolorosa, como
bradicinina, ATP, serotonina, leucotrienos y prostaglandinas. Las PGE2 y PGI2
reducen el umbral de estimulación de estos receptores, con sensibilización
periférica. La inhibición de este fenómeno explicaría el componente periférico
de la actividad analgésica de los antiinflamatorios no esteroides (AINE),
mientras que la inhibición de COX1 y COX2 a nivel central reduciría la
actividad de PGE2, PGD2, PGI2 y PGF2α, que contribuyen al componente central
del dolor.¹
El punto de regulación de la temperatura corporal en el hipotálamo se
eleva como respuesta a fenómenos inflamatorios sistémicos, daño tisular, cáncer
o rechazo de injerto, produciendo citoquinas pirógenas como IL1β, IL6, TNFα e
interferones. Una fase inicial estaría mediada por liberación de ceramida en el área preóptica
del hipotálamo anterior, seguida de la inducción ciclooxigenasa 2 (COX2) y
producción de PGE2, que a su vez actuaría sobre los receptores EPr3 y EPr1 de
las neuronas termosensibles. Como respuesta, el hipotálamo promueve una mayor
generación de calor y reducción de su pérdida, con aumento de la temperatura.
Los AINE actúan como antipiréticos al inhibir la producción de PGE2 dependiente
de COX2.¹
BIBLIOGRAFÍA
1. Grosser T, Ricciotti E, FitzGerald
GA. Cap 42: Farmacoterapia de la inflamación, fiebre, dolor y gota. En: Brunton
LL, Knollmann BC (Eds). Goodman & Gilman’s Las bases farmacológicas de la
terapéutica, 14ª ed. New York; McGraw-Hill: 2023.