Los anestésicos locales se utilizan en
Odontología tanto por vía tópica, para aliviar el dolor y la molestia de las
enfermedades de la mucosa oral, como por vía inyectable local, para permitir la
realización de procedimientos dolorosos.
El mecanismo de acción es común a los
diferentes fármacos: se unen en forma reversible a un sitio receptor específico
dentro del canal de sodio controlado por voltaje de la membrana celular de las
células nerviosas, lo que a su vez impide la generación del potencial de acción
o interrumpe su propagación. La infiltración de anestésico local en la vecindad
de un tronco nervioso sensitivo produce anestesia y parálisis muscular en las
zonas inervadas.¹ ²
Los anestésicos locales típicos contiene grupos
funcionales hidrófilos e hidrófobos, separados por una unión intermedia éster o
amida. Las características de este grupo de enlace determina algunas de las
propiedades farmacológicas; por ejemplo, los de tipo éster son hidrolizados
por esterasas plasmáticas y tiene un
tiempo de acción más corto.² ³
El agregado de un agente vasoconstrictor al
anestésico local retrasa su paso a la circulación general y logra así una
concentración más elevada y sostenida en el tejido local, que se traduce en un
bloqueo de mayor duración. Por otro lado, al retrasar la distribución sistémica
los niveles sanguíneos se reducen y con ellos el riesgo de efectos tóxicos
sistémicos. Sin embargo, el vasoconstrictor –por ejemplo adrenalina- también
aporta su propia toxicidad cardiovascular y neurológica. ³